Hace unos días, una tragedia nos sacudió a todos una vez más, un asesinato cometido en nombre de la intolerancia. ¿Cómo puede ser que para algunos (menos de los que parecen por suerte) sea tan difícil aceptar tanto la existencia como el modo de vivir la vida que tienen otros? Aceptar la idea de que el amor es libre y no está sujeto a normas escritas en libros polvorientos, ni en las mentes con creencias arcaicas. Por qué es tan complicado aceptar el libre albedrío de los demás, cuando insistimos tanto en el propio? Y resulta, que nadie nace siendo racista, u homófobo, ni asesino.

Algo terriblemente importante está fallando en nuestra educación, en la educación de nuestros jóvenes, que son capaces de llegar a cometer atrocidades en nombre de unas emociones que no comprenden. Suele ser el miedo, que sale en forma de ira y rabia, violencia. Miedo a lo que no entienden y no comparten, o quizás sí comparten, pero el miedo a la propia verdad interna les ciega. Esa lealtad ciega, inculcada desde niños, que acaba por convertirles en adultos con emociones descontroladas, que no se cuestionan sus propias creencias.
Recordemos y honremos la memoria de Samuel, y de tantas otras que perdimos en manos de la intolerancia. Seamos mejores versiones de nosotros mismos, vivamos libres de las ideas impuestas, aprendamos y enseñemos la tolerancia, la empatía, la solidaridad.
Seamos los que construyen un futuro donde estas atrocidades no tengan lugar.
NIN VAN DER TOREN – LIFE COACH
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